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El duelo en días de covid

Hoy hablaremos del duelo…..

Estamos hablando de un proceso adaptativo ante una perdida. Este proceso tiene como objeto entrar en una fase de aceptación donde se integre lo ocurrido y permite a la persona seguir adelante. Ante cualquier perdida, se puede requerir un duelo.

Ante la muerte de un ser querido, este proceso se hace de distinta manera según la cultura. En general necesitamos primero aceptar lo ocurrido, darnos cuenta de lo que ha pasado. Percibir las emociones que sentimos, para finalmente con el tiempo recolocarnos en esa nueva vida en el que la persona querida ya no está.

Este un proceso diferente para cada persona y que puede durar desde unas semanas a un año, en situaciones normales. Si el duelo no se elabora de manera correcta, puede dar lugar a patologías emocionales y físicas, dando lugar a lo que se denominan duelos complicados, crónicos, patológicos, reprimidos, etc…

En nuestra cultura, el proceso inicial de aceptación, lo hacemos con unos rituales que conllevan, cuando es posible, el acompañamiento al enfermo, apoyo del entorno social y familiar en el tanatorio, despedida en el cementerio o crematorio y acompañamiento religioso en el proceso, para el que es creyente.

En este periodo del covid, como lamentablemente habéis visto, este proceso básico de aceptación se ha visto bloqueado. Ni acompañamiento, ni despedida, ni apoyo del entorno, ni ceremonias…

Según cada persona, esto puede conllevar sintomatología muy diversa. Desde problemas ansioso-depresivos, que pueden aparecer de forma tardía, en meses e incluso años, problemas en la salud física o efectos disociativos en los que la persona no termina de aceptar la perdida, tratando de vivir, como si en realidad no hubiera ocurrido.

A esto hay que añadir, qué al no poder despedirme del fallecido, tampoco puedo arreglar “las deudas pendientes”, aquellas grandes o pequeñas tensiones familiares quedan sin solucionar, generando una gran carga.

Estos duelos difíciles de este periodo, afectan a miles de personas. Recomendamos que a nivel público se hagan tributos a los fallecidos, recordándoles, y dándoles el valor que tenían.

A nivel personal y familiar, sería adecuado algún tipo de ceremonia de despedida, ya sea íntima, en casa, o más social cuando se nos permita, que nos adentre en ese proceso de aceptación tan necesario.